Diversificación de activos: un patrimonio bajo puede invertir en 10 empresas distintas con unos costes, tanto en tiempo como en dinero, muy reducidos, consiguiendo de esta forma una elevada diversificación. Esta diversificación se consigue invirtiendo en empresas de distintos sectores, como se muestra a continuación, creando carteras de inversión que disminuyen el riesgo intrínseco de la Bolsa. Es más, la globalización permite a los inversores invertir en otros países o incluso continentes, como se puede observar a continuación, sin añadir unos costes excesivos. Conociendo que la capitalización de la Bolsa española representa aproximadamente un 2% de la capitalización de todas las bolsas mundiales, resulta muy jugoso invertir una parte del patrimonio en otras bolsas, buscando diversificar el riesgo y obtener una mayor rentabilidad. Entre las bolsas desarrolladas hay varias posibilidades; la zona euro, Reino Unido, Estados Unidos y las Bolsas emergentes asiáticas, con China a la cabeza.
Llegado este punto, es importante reseñar la enorme diferencia que existe con respecto a la inversión en inmuebles, y es que en la compra de un inmueble se compromete o todo o gran parte del patrimonio de una persona, corriendo el riesgo de una bajada de precios o de una devaluación de la zona en la que se encuentre. La diversificación de activos que ofrece la Bolsa es un aspecto muy importante y diferenciador con respecto al resto de tipos de inversión.
Diversificación temporal: Se puede reducir el riesgo de la inversión administrando ésta en un periodo temporal adecuado. Debido a la naturaleza de la Bolsa, es posible realizar pequeñas inversiones a lo largo de meses o incluso años, reduciendo de gran manera la posibilidad de que una gran bajada o un crack puntual de la Bolsa merme de manera irreversible lo invertido. Este tipo de diversificación no se puede dar en la inversión inmobiliaria, así como tampoco en ciertos tipos de depósitos y fondos de renta fija.
Liquidez: Como ya se comentó anteriormente en las Características y objetivos principales de la bolsa, el inversor puede recuperar su inversión cuando lo precise si acude a la Bolsa para vender los títulos que había adquirido previamente (mercado secundario). La venta de unas acciones tarda aproximadamente 5 segundos en tramitarse, por lo que se puede afirmar que la liquidez que ofrece la Bolsa es insuperable. Además, ha de añadirse a este punto que las acciones pueden venderse en la cantidad deseada, obteniendo de esta manera un equilibrio entre liquidez y disponibilidad de continuar con la inversión aunque se retiren posiciones.
Transparencia: Uno de los requisitos impuestos para las empresas que quieran cotizar en Bolsa es el de transmitir toda la información relevante a sus accionistas y a posibles inversores. Esto confiere gran seguridad, ya que se puede observar sin trabas la marcha de la empresa antes de decidir invertir en ella. Además, en internet existe una gran cantidad de información, que puede ser consultada bien en páginas oficiales, en organismos públicos o en las páginas de las propias empresas. Para más información, consultar el apéndice Fuentes de información bursátil a través de Internet.
Rentabilidad: La revalorización de los valores y de las empresas que cotizan en Bolsa ha sido una constante en la historia. Además, la rentabilidad que ofrece la Bolsa no se ciñe exclusivamente a las operaciones de compra-venta que se realicen en ella; por ser accionistas de una empresa, los beneficios conseguidos repercutirán de alguna manera en los dividendos que repartan. Hay muchas empresas sólidas y bien gestionadas que han sido fieles a esta posición desde hace muchas décadas, incluso siglos. A título de ejemplo, General Electric ha pagado su dividendo anual desde finales del siglo XIX, y éste consistía en un importe superior al del año anterior en la práctica totalidad de los casos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario